La taifarización de la gestión política

Destacan l@s historiadores e historiadoras de las taifas un fenómeno que ha marcado el mito hasta nuestros días: Como cada señor de taifa estaba únicamente interesado en sus menesteres no se coordinaba con sus vecin@s hasta tal punto que se podía comprar (su silencio, su pasividad o, incluso, su traición) en su contra mientras el oliera su propio beneficio.
Las piscinas valen igual de bien que otras 3 docenas de ejemplos para ver como se ha trasladado la política de las taifas hasta nuestros días. Y es que a caballo ganador no se le saca de la carrera.
En Sevilla, con una población de cerca de tres cuartos de millón de habitantes, tenemos 18 piscinas (según la contabilidad más optimista). En la Cornisa del Aljarafe (Camas, Mairena del Aljarafe, San Juan de Aznalfarache, Tomares, Castilleja de la Cuesta, Castilleja de Guzmán, Valencina, Gines y Bormujos), con un@s 150.000 habitantes sumamos ya 14 instalaciones de piscina. Y, supongo, suma y sigue... O sea que si tuviéramos el mismo número de habitantes que Sevilla y nuestr@ polític@ siguieran jugando al mus, tendríamos 70 piscinas.
¡Qué felices nosotr@s, no, de tener a un@s gobernantes tan preocupados por
nuestro bienestar que nos ponen tantas instalaciones! Le vamos hacer la competencia hasta a Pekín (de la Ciudad Olímpica en Barcelona ya ni hablemos).No me gusta ser aguafiestas pero la cosa no es tan fácil: En un mundo que se rige por dinero y todo lo que se gasta se tiene que ingresar de nuevo, hay que echar cuentas sobre el tema.
¿Qué valor tenemos para nuestr@s polític@s?
Si suponemos que el coste medio de inversión por piscina asciende a 1.000.000 €, esto significaría que -por habitante- l@s sevillan@s han desembolsado 25 € por bolsillo, mientras que l@s corniser@s hemos pagado 100€ cada un@.
No se queda ahí la cosa, nos queda el mantenimiento: Si suponemos que el coste medio por piscina es de 60.000 € al año (contando por lo bajo), sumamos cerca de 900.000 € anu
ales - 64 € más por año y cabeza.Pues mira tú, mientras andemos como el rey Midas y nos sobren sacos de forraje, ¡a gastar hijo a gastar! Pero resulta que los filones de oro se acaban como ya supo Jack London y después toca morder suelas como Charlot.
Porque tú y yo a lo mejor lo tenemos, lo sacamos del bolsillo y lo damos; es una decisión personal. Pero lo que es la mano pública, ¿no tendría que valorar mejor cómo y en dónde gastar nuestros impuestos?
¿En base a qué deciden nuestr@s polític@s poner piscinas?
Bueno si me preguntáis así: ¿En base a qué deciden poner nada?
Mucho me temo que esto es un poco como deshojar margaritas. Me explico: Primero existen programas de subvención de la Junta. Después existen las demandas de l@s vecin@s. A esto le sumamos cierto afán práctico y de modernis
mo (total, como estamos consiguiendo secar los pantanos y los ríos, ¿en dónde van a nadar sino nuestr@s jóvenes?). Y no nos olvidemos de si a nuestr@ alcalde le gusta mas la natación o el billar (ya me diréis lo que toca en el segundo caso). Y por último hay que mirar el suelo y el resto de proyectos, no sea que después nos quedemos mirando las nubes.¿Esto significa que pueblos tan cercanos como los nuestros en la Cornisa tienen que tener todo y cada uno de ellos una piscina? Antes que un Centro de Salud parece, y dependerá de la rentabilidad que nuestr@s polític@s descubran.
¿De la rentabilidad financiera? ¡No fastidies!, si nuestr@s mandamases hicieran estudios de viabilidad financiera como una empresa, tocaríamos a una piscina cada 40.000 habitantes. ¡No, que va!, la rentabilidad electoral. Primero quedo bien en patriotismo local (como antes con las iglesias: ¡Cómo es que nuestro pueblo no se merece tener una iglesia!). Después quedo bien enunciando el pedazo de inversión que he hecho en el pueblo. Además quedo bien en la foto de la puesta de la piedra, y en la de la inspección ocular, y en la de la inauguración, y en la de cada evento mediano que allí se organice (aunque sea la elección de la miss merluza en bañador). Y finalmente quedo requetebien con gente como mi primo porque le pude proporcionar un puesto bien pagado al frente de la gestión de la piscina municipal.
¿Esto significa que no se deberían poner piscinas en cada municipio?
Pues mira, a lo mejor sí, a lo mejor no. O quizás una clase de piscina en un municipio y otra clase de piscina en otro. O en vez de dos y tres piscinas (que las tenemos en algunos pueblos),
compartir la construcción y la gestión de algunas de ellas. Si la construcción de piscinas se estudiara con rigor (igual que la comunicación y el transporte público entre nuestros pueblos), entonces nos daría para más proyectos además de las piscinas porque repartiríamos el dinero de más en más temas que nos pueden interesar a tod@s: conservatorios, teatros, centros de asociacionismo, centros de juventud, guarderías, centros de salud, hospitales, institutos, cines de verano (e invierno)...Lo que pasa que se complican unas cositas:
1º) Después de entonar durante tantos años el himno del patriotismo local (tan rentable electoralmente), cualquiera se arriesgaría a un "vivimos en un mundo globalizado".
2º) L@s alcaldes se tendrían que poner de acuerdo para repartirse las fotos. Y ya se sabe: eso de ponerse de acuerdo... ni en temas de agenda.
3º) Y lo peor: ¿Cómo repartimos entonces los puestos de trabajo en la familia si dejan de ser domésticos?
El despilfarro de recursos nos deja en cueros
La política de inversión y de gestión nos han llevado a donde estamos: Hemos bailado la fiesta y ahora toca la resaca. Los recursos despilfarrados y una visión particularista hacen peligrar los servicios que tan rentables -electoralmente- han resultado. Y ahora que nos hemos acostumb
rado a tener un servicio como el de la piscina -que no el único-, nos encontramos ante la espada que amenaza en cercenar un recurso que ha contribuido a nuestro bienestar.L@s niñ@s, l@s mayores, l@s mujeres, l@s discapacitad@s... todos colectivos que sufren en primera plana cualquier mala gestión, van a ser los que tienen que pagar las marchas nocturnas y alegres por los bares del descerebro político.
Antes, l@s polític@s eran l@s buen@s y capaces de traernos el bienestar; y ahora son los tiempos de crisis los que nos lo van a quitar. ¡Ni que la crisis fuera un huracán! ¡Como si no se la hubiera visto venir! ¡Y como si no existiesen formas de hacer política que no dependan de una "crisis"!
¿Cual es la solución?
Los servicios públicos no deben ser una moneda en el "mercado libre". Son un derecho. Y como derecho no deben estar bajo el yugo de la rentabilidad financiera. Ni bajo el yugo de rentabilidad electoral, dicho sea de paso.
Ni la asistencia médica, ni la enseñanza, ni el agua o la corriente o el gas, el acceso a las telecomunica
ciones o a la información, ni los servicios sociales pueden ni deben depender de la frágil voluntad de quien hace el tipo de política que es necesaria para poder seguir haciendo política. Ni nada de esto puede ni debe depender de las consecuencias de la gestión político financiera.Vale la pena gritarlo a los cuatro vientos - y que tomen nota los partidos políticos - para que tod@s l@s vecin@s luchemos por lo que es nuestro derecho: El derecho a un servicio esencial. El derecho a un servicio asequible. Y el derecho a repartir patadas cuando nos lo quitan.

