En estos últimos días hemos podido ver todo el mundo cómo se multiplican los comentarios por los malditos cohetes.Aprovecho mi estreno en este blog para hacerme eco de aquell@s vecin@s que están hasta las narices de los truenos en horarios de descanso, particularmente cuando no anuncian agua sino la razón de alegría de un@s particulares.
De un@s particulares, además, que parecen ser l@s únic@s que tienen el poder y las razones "legítimas" para obligarnos al resto del mundo a compartir su alegría sonada - queramos o no queramos.
Lo único con lo que yo puedo comparar este ademán, es con el borracho en una fiesta que continuamente te está manoseando y gritándote su alegría al oído, dejándote sord@. ¡Nada, si tú no estás a la altura de su alegría, eres un@ aguafiestas y deberías emigrar a tierras de nadie!
La gente que no basta de festejar sus alegrías sin tener que estampártela
directamente en las narices, se olvida con demasiada facilidad que tú a lo mejor tienes otras alegrías que las suyas; u otras formas de celebrarlas. La cuestión es que la convivencia de tod@s nosotr@s se rige (o así debería ser) por el respeto mutuo, la consideración y la educación. No parece que aquella persona muestre más respeto, consideración y educación por darte a entender de forma salvaje las grandes fiestas que te estás perdiendo por no participar de ellas. Más bien creo que hacen gala de un gran desparpajo y se pasan de la ralla si no entienden (o no quieren entender) que si todo el mundo hiciéramos lo mismo, aquí no hay quien aguantara.Está más presente quien más alto grita. En esto se resume la cultura de l@s lanzacohetes que muestran una gran voluntad de estampártelo en las mismísimas narices con tal de salirse con las suyas. Esto me recuerda a la Ley del Salvaje Oeste más que a ninguna otra cosa. E, igual que en Salvaje Oeste, se refugian en el amparo de quienes tienen el poder. Entonces los grandes poseedores de las tierras que eran quienes realmente mandaban y tenían a las autoridades en el bolsillo - así sin rodeos ni nada.
Y hoy con toda la complicidad de nuestro gobierno local que tiene la poca vergüenza de no aplicar las leyes porque no les interesa. ¡Y para eso se escudan en la tradición! En la tradición me escudaría yo para cambiar en mi casa lo que me salga en gana - ¡¿no lo hacía ya mi abuelo, y el suyo, y el suyo?! ¿¡Para qué entonces pasar por el engorro de una licencia!? ¡Porque esto reporta dinero a las arcas municipales! ¡Y porque, por más que quiera la tradición, se les echaría encima hasta el apuntador (o la apuntadora)!
En este caso se salen con la suya porque nadie les ha puesto la pistola de la Ley en el pecho - tanto l@s autores y autoras de los cohetazos, como nuestr@s regidores y regidoras en su empeño en hacerle la fiesta al borracho gritón... porque resulta que es el hijo del conde o, lo que es lo mismo, representante de una minoría (por mucho que se empeñen en hacernos creer lo contrario) pero una minoría lo suficientemente portentosa para movilizar a lo mejor 1.000 votos. Y como está el patio, 1.000 votos en una dirección u otra pueden cambiar el mapa electoral mucho, demasiado para el gusto de algun@s.

¡Que nadie se engañe! Tal y como se están enquistando las cosas, aquí se están fomentando posiciones irreconciliables entre dos partes de la población que deberían ser una - ¡gratuitamente y de forma interesada! ¿A qué están esperando las personas responsables de la gestión pública y de la paz social? ¿A que esto derive en un conflicto abierto?










